El Tolmo de Minateda, la ciudad trimilenaria, constituye el conjunto arqueológico más importante de la provincia de Albacete, siendo uno de los cinco Parques Arqueológicos de Castilla-La Mancha. Se trata de un cerro amesetado que domina la encrucijada de caminos entre Murcia, Albacete y Alicante, hecho que ha provocado que sea un lugar habitado por las distintas culturas desde la Edad del Bronce hasta el siglo X d.C.

Para llegar desde Murcia, hay que abandonar la autovía A-30 en la salida 322 (“Jumilla-Minateda”), y nos incorporamos entonces a la carretera nacional N-301 en dirección a Hellín. Después de unos 2 km, veremos el cerro de El Tolmo a nuestra izquierda.

Desde Albacete, saldremos de la autovía A-30 en la salida “Hellín Sur” y nos incorporamos a la carretera nacional N-301, tomando la dirección Murcia-Cieza. Tras unos 3 km aparecerá ante nosotros el inconfundible promontorio de El Tolmo.

La visita se inicia a partir del panel 1, situado en el camino de entrada a la ciudad. Desde aquí parte un tramo de escaleras que nos lleva directamente al camino tallado en la roca. Parece que existieron cinco recintos defensivos, el más antiguo correspondería a una terraza de la Edad del Bronce. En época romana se construyó una nueva muralla para conmemorar la conversión de la ciudad a municipio romano (siglo I).

Si miramos a nuestra izquierda desde el lugar en que nos encontramos, podemos observar el camino de acceso a la ciudad tallado en la roca, donde se aprecian perfectamente las rodadas de las ruedas de los carros romanos y, entre ellas, unas muestras perpendiculares que facilitaban el paso de personas y caballerías.

Continuamos la visita ascendiendo a nuestra derecha por unas escaleras excavadas en la propia roca. Si seguimos en dirección Este, llegamos a la reconstrucción de una almazara de la época ibero-romana. De todas las actividades de la ciudad, la que más ha dejado huella es la producción de aceite.

Siguiendo la senda marcada en el terreno se alcanza la parte central de la ciudad donde nos encontramos con el secreto mejor guardado de El Tolmo. Se trata de los restos de una basílica visigoda (siglos VI y VII), que representa uno de los ejemplos de arquitectura religiosa visigoda del Este peninsular. A su alrededor se extiende toda una barriada islámica con sus viviendas características. En su interior se han hallado tumbas relacionadas con personajes importantes dentro de la Iglesia. Posteriormente, este templo debió de ser desacralizado y, una vez arruinada la Basílica, comenzó a ser expoliada para transformar su antiguo solar en un barrio islámico dedicado a la alfarería.

Nos dirigimos entonces hacia el Este y llegamos a la Acrópolis, el punto más alto de la ciudad. Desde aquí se contempla una magnífica vista de todo el valle por el que discurría la antigua calzada romana a Carthago Nova, así como una serie de tumbas excavadas en la roca.

Después llegamos a un lugar en el que arrancan unas escalinatas talladas en la roca, que descienden por la fachada norte del cerro. Al final de ellas parte una senda abierta en la ladera que nos lleva, en primer lugar, a una de las casas cueva restauradas y habitada hasta los años 50. Se trataba de casas muy humildes con apenas dos o tres estancias, pequeños corrales y hornos para hacer pan.

Siguiendo la senda hasta el final llegamos directamente a la necrópolis septentrional, al pie del Tolmo, que pondría fin a la visita.

Completa tu visita

De todos los hallazgos durante las excavaciones realizadas, existe una interesante colección en el Museo Comarcal de Hellín, que ilustra y complementa nuestro itinerario. En ella se recogen objetos curiosos y utensilios cotidianos, recipientes, joyas, elementos de indumentaria, etc.